Inteligencia Intrapersonal: Se puede enseñar lo que no se ha aprendido a Ser

Escrito por Claudia Rodriguez el . Publicado en Articulos

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Muchos hemos oído hablar de la teoría de Howard Gadner y las inteligencias múltiples, la cuales en primera instancia han sido 8: Matemática, lingüística, ecológica, corporal, espacial, musical, interpersonal e intrapersonal. 
Cada una un talento en su individualidad mas también se encuentran interrelacionadas entre sí. Donde cuando potenciamos aquellas que son naturales en los niños, indirectamente también se verán incrementadas  aquellas en las cuales son menos hábiles. 
Y desde esa arista estamos motivando el aprendizaje.
Algunas de las  inteligencias o sabidurías como me gusta llamarle, se encuentran  más ligada al desarrollo  lo cognitivo o procesos mentales y otras más ligadas a procesos emocionales, afectivos y sociales.  
Para un adulto que cumpla el rol de padre o profesor es mucho más fácil orientar aquellas que requieren de cierta estructura y lógica (desarrollo del pensamiento). Porque existe una preparación previa, dada por la formación y experiencias de vida en conjunción con la creatividad.
 
Pero ¿Qué sucede cuando requieres abordar el desarrollo de la inteligencia intrapersonal?
 
Esta inteligencia es según los investigadores es una de las más difícil de abordar y entender  porque ella contiene otras inteligencias que aún están siendo investigadas, y tiene que ver con lo espiritualidad; emocional;  sistémico (que también influye en la interpersonal) , creativo y un proceso  al cual llamo reconstructivo (aquello que se incrementa con cada experiencia de vida y que va transformando creencias y percepciones anteriores, modificando la estructura del sentir y apreciar esta nueva realidad, la cual nos ayuda a integrar todo lo que vamos asimilando, donde al integrar vamos incluyendo esta nueva apreciación y con ello ampliando con la visión y comprensión de nuestro entorno. Este paso es previo a la  transformación y trascendencia de algún hecho o situación relevante.
 
Es algo así como si tejiésemos esferas de hilo de distintos colores y en la medida que voy uniendo esas esferas van tomando una forma diferente de ser apreciada.
 En un inicio alguien podría decirnos que es un posavasos. Mientras vamos tejiendo otros e integrando estos círculos uniendo con otros, podría ser apreciado quizás como un camino de mesa. Luego a seguir con el proceso podría ser visto como  un cojín. Hasta que al finalizar la obra  completando todas las uniones, nos damos cuenta que el objetivo del tejedor o la tejedora fue hacer un cubrecama. Desde esa visión integramos no sólo el producto final sino que también el proceso. La meta demarca el aprendizaje (que aprendió el observador y el tejedor en el proceso), que desafíos tuvo que afrontar, qué herramientas y recursos tuvo que aplicar, qué habilidades nuevas desarrolló, qué descubriste con este trabajo. Con esas sencillas preguntas en los procesos cotidianos personales en los cuales estamos interactuando, les  aseguro que  aquello que en un comienzo fue sentido como dificultad se transforma en un regalo.  Eso es reconstructivo y transformador, porque incluso cambiando incluso su utilidad y apreciación. 
 
¿Cómo podemos transformarnos en guías activos y nutridores en el desarrollo de la inteligencia intrapersonal de los hijos y alumnos?
 
Antes que nada responde para ti, la siguiente pregunta: ¿Es posible  enseñar sobre la sabiduría intrapersonal, si ni siquiera me comprendo a mí mismo?
La respuesta es no. Cada situación que vivimos sea adversa o beneficiosa trae consigo un “aprendizaje que resulta significativo para nuestras vidas”. Desde aquello que vivimos tangiblemente creamos percepciones y creencias y son esas mismas las que trasmitimos a nuestros hijos y alumnos. 
No podemos entregar lo que desconocemos o conocemos en teoría, menos en los aspectos que tienen que ver con la esencia del ser humano. No es lo mismo enseñar a leer que descubrir lo que somos.
El ser conscientes que somos seres imperfectos, mas perfectos para nuestros hijos e incluso para nuestros alumnos, nos brinda un sentido de responsabilidad, de hacernos cargo de aquello que sabemos que requerimos mejorar.
 
Como padres y docentes en esta era tenemos una gran responsabilidad, nuestros hijos tienen exceso de información, las cuales en variadas ocasiones  desconocen cómo canalizar, creyendo todo lo que el entorno les manifiesta. Y se dispersan con tanto estímulo externo. No logran focalizar sus intereses y por ende demoran mucho más tiempo en desarrollar sus habilidades. 
Imagino que todos queremos que nuestros hijos y alumnos sean felices y exitosos en el área de elijan como desarrollo personal vocacional. Pero esto tiene un costo.
Joan Garriga dice  en su libro “La llave de la buena vida” querer dar lo que no tienes para dar significa cabalgar a lomos de caballos ajenos.
El precio que esta enseñanza significa es aprender a conocernos a descubrirnos a afrontar esas heridas que tenemos de infancia o juventud y sanarlas y con ella reconstruirnos. De esa manera a través de nuestra experiencia podemos observar ¿Qué camino está escogiendo nuestro hijo o alumno? ¿Cuál es la forma que ha decidido aprender de alguna situación? ¿Estoy comprendiendo la emoción que me está transmitiendo mi hijo o alumno? ¿Cuál sería la mejor sugerencia u orientación para este momento? 
Como padres y docentes tenemos tanto miedo a escarbar en nuestro interior y revivir aquello que nos causó dolor que preferimos excluir, no ocuparnos y seguir como estamos funcionando a medias. Porque el separar involucra fragmentarnos internamente, creer que somos posavasos en vez de observarnos como un hermoso cubrecama.
Y lo que transmitimos desde ese lenguaje mental y teórico de lo que hemos aprendido en libros, no es suficiente para nuestros hijos o alumnos y observamos cómo una y otra vez vuelven a repetir decisiones sin aprender del “error”.
 
¿Sabes por qué sucede?
Porque lo que hemos dicho con tanta vehemencia y eruditamente. Para los hijos y alumnos no resulta honesto. Porque no va en consecuencia a lo que sientes y haces. 
Cuando el mensaje va acorde a tu sentir, pensar, decir y actuar para esos niños es inexistente la duda. Cuando transmites desde el corazón desde aquella experiencia que para ti ha tenido significado y lo aplicas como filosofía de vida para ellos se convierte en sabiduría y lo toman sin cuestionar.
Mi mensaje es que pierdas el miedo a descubrirte. De esa manera ayudarás a los hijos o guiarás a tus alumnos a descubrirse también sin miedos. Este aprendizaje favorecerá a futuro su asertividad y su elección vocacional, potenciará sus cualidades nutricias e incrementará sus recursos internos enfocándose en sus intereses personales. 
 
¿Cómo iniciar este proceso?
 
Primero comprender que la  inteligencia intrapersonal está orientado a comprender los sentimientos, emociones, sensaciones, miedos y motivaciones personales. Inicia por comenzar a ser consecuente entre tú pensar, decir, sentir y hacer, para ello puedes ir trabajando los siguientes aspectos:
 
No temer hacer contacto con tus emociones: Eckhart Tolle manifiesta que la mente en la manera que se usa la palabra no es solamente pensamiento. Incluye emociones así como todos los patrones de reacción inconscientes de tipo mental- emocional.  El hacer contacto con ellas te permite amar lo que eres, gestionando y comprendiendo porqué y para qué se presentan te orienta a descubrir tus miedos los cuales se transforman en tus mayores desafíos. Sugerencia medita 10 minutos diarios.
 
Mira a tus miedos como desafíos: Recuerda que todo tiene una causa de existir. Si lo requieres solicita ayuda a profesionales que puedan orientar tu trabajo para descubrir que herramientas de vida esconde ese miedo. Observa si existen creencias que estén limitando lo que realmente quieres hacer y atrévete a hacerlo diferente. De esa manera aprendes de los errores del pasado.
 
Gestiona tus emociones: Aprender experimentar tus emociones, entregándote el permiso de sentirlas, vivenciarlas respetando su ritmo y proceso es esencial para ir descubriendo tu sentir, tu posición frente a la  vida, tu  personalidad e intereses. Expresar lo que se siente es parte de validar lo que eres. 
 
Confía en ti: La confianza en uno mismo nace desde el asentir lo que somos, puede sonar cliché pero es así. Aceptarnos con nuestras sombras y luces. Cuando lo hacemos dejamos de luchar internamente para comenzar a mirar al mundo desde un continuo aprendizaje y no desde una constante defensa. Siempre respetando tus ritmos personales. Todo momento es perfecto. Aprecia tus cualidades, desarrollándolas e incrementalas. Y entrega ese potencial en servicio a la humanidad. Desde esa confianza podrás ir  descubriendo tu misión de vida. 
 
Toma el pasado experiencias que traen  herramientas para construir tu vida: Tomar el aprendizaje de las viviencias pasadas es crecer y te brinda fuerza para seguir avanzando. Concentra tu energía  en construir tu propio presente. El instante actual es lo único real. 
 
Quéjate menos y agradece más: El quejarse constantemente te mantiene en una posición de anclaje y no te permite crecer. Como seres humanos tendemos a focalizarnos más en lo negativo que en lo positivo. Prueba hacerlo diferente.
 
Con estos pequeños  pasos podemos iniciar  un bello camino de experiencias hacia el  enriquecimiento de la sabiduría intrapersonal y también espiritual y no olvides aplicar lo que vayas aprendiendo con los hijos y alumnos. De esa manera tus vivencias no serán en vano y estas dando valor y honra (agradecimiento) a todo lo que eres hoy.
Todo es un proceso prueba por 90 días cada ítem, disciplinadamente y ve anotando los cambios en ti.
 
Claudia Rodríguez Rolin
Psicopedagoga 
Coach Sistémico